November 01, 2015
From the article: Más de 200.000 personas salieron de Hungría tras la revolución de 1956. La respuesta coordinada de 37 países transformó en inversión lo que parecía una carga. Resolver la crisis actual pasa por un acuerdo global que desmonte los campamentos e integre a los refugiados.
Los países suelen ayudar a los refugiados a huir de las crisis, motivados por una generosidad que rápidamente empieza a menguar. ¿Qué harían si, por el contrario, actuasen guiados por el mero interés?
Pensemos en András Gróf, un refugiado que entró ilegalmente en Austria desde Hungría acompañado de un traficante de personas, tras atravesar a la carrera una llanura pantanosa resguardándose bajo el manto de la noche. András viajó sin su familia, sin título universitario y con apenas 20 dólares en el bolsillo. En su tierra presenció la llegada de los militares y fue testigo de la violación de su madre y más tarde de la condena a otros jóvenes como él. András huyó por la misma razón que tantos otros huyen de Oriente Próximo o de África: aun sin existir amenazas inminentes contra su vida, el futuro de su país estaba adquiriendo un cariz dantesco.